Cómo gestionar un divorcio con hijos

No lo leas, escúchalo.

Acostumbramos a pensar en el divorcio como una situación entre dos partes. Pero no debemos olvidar que, cuando hay hijos comunes de por medio, la ruptura matrimonial se debe afrontar si cabe con mayor responsabilidad para proteger a esos menores, velar por su interés, y asegurarse de que la situación en la pareja no afectará negativamente a su crecimiento. ¿Cómo es posible conseguir esto?

Los padres deben asegurarse de que su divorcio o separación no repercuta negativamente en la calidad de vida de sus hijos menores y, además, les afecte lo menos posible. Para ello deben tener en cuenta sus circunstancias personales y profesionales para que ejerzan la custodia de forma correcta y adecuada.

Aseguran los expertos que un buen divorcio es siempre mejor para los niños que un mal matrimonio. Ser testigo de peleas, malas caras, resentimiento, dolor, tristeza y ausencia de amor y compromiso no es precisamente lo más idóneo para un niño y está demostrado que tiene un gran impacto emocional en ellos.

En esta situación importante que los padres demuestren a sus hijos que les quieren, intentar no cambiar sus rutinas, liberarles de toda la culpa y no hacerles sentir responsables, y escucharles y apoyarles. En definitiva, hay dos cosas que en estas circunstancias son esenciales:

  • Nadie mejor que los padres para ayudar a sus hijos a gestionar esta crisis
  • La prioridad son ellos, por encima de los intereses y sentimientos de los adultos

 

Reacciones emocionales según la edad de los niños.

De 0 a 2 años

En esta etapa de la vida los niños perciben enseguida cualquier cambio experimentado en el ambiente. Lo más frecuente es que lo manifiesten con llantos intensos e irritabilidad, alteraciones de sueño y alimentación.

 

De 2 a 3 años

Es posible que el niño muestre dificultades durante el proceso de divorcio: problemas psicomotores, falta de control de esfínteres, alteraciones de sueño, retraso en el habla, etc. También es normal que fantaseen con que  sus padres volverán a estar juntos ante la incapacidad de entender lo que está pasando.

 

De 3 a 5 años

Es una etapa complicada porque no dejarán de hacer preguntas. También es una etapa de muchos miedos, sobre todo a quedarse solos o a que sus padres dejen de quererles.

 

De 6 a 12 años

Tienen mayor capacidad para entender lo que es un divorcio, aunque no suelen expresarlo por miedo a preocupar al padre o madre. Aún mantienen latente el anhelo de que todo vuelva a ser cómo antes, pero al no ver confirmadas sus esperanzas se sienten traicionados, tristes y rabiosos.

 

Adolescentes

Quizá es una de las etapas más complicadas para que un niño encare un divorcio porque esa gestión coincide con la de búsqueda de su propia identidad. Ante el sentimiento de inseguridad y soledad, encontrarán consuelo en grupos de iguales de los que tendrán excesiva dependencia. Muchos pueden encontrar vías de expresión de ira y la hostilidad a través de trastornos de alimentación, consumo de sustancias, conductas sexuales de riesgo…

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Acostumbramos a pensar en el divorcio como una situación entre dos partes. Pero no debemos olvidar que, cuando hay hijos comunes de por medio, la ruptura matrimonial se debe afrontar si cabe con mayor responsabilidad para proteger a esos menores, velar por su interés, y asegurarse de que la situación en la pareja no afectará negativamente a su crecimiento.

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